Pese a que el gobierno central y el poder económico de «la Capital» no querían un ferrocarril internacional, un legislador cambió una vicepresidencia por la decisión presidencial.
Imagen de portada: Las siete conexiones internacionales ferroviarias de Argentina, más dos nuevas más, necesitan reconstruirse (con una alianza intermodal camión + puertos) en favor de la economía propia y con los 5 países vecinos.
El registro prueba que hay un ferrocarril por la acción de un político local
El caso es tan simple como tantos otros en los que la dirigencia económica y/o política de una zona o región empuja sin reparos por la concreción de la conectividad por caminos, ferrocarril, puertos y aeropuertos.
Hasta los modelos de planificación territorial más centralizados se moldean por las exigencias que los locales se decidan a realizar.
Klaus Böswald (Derecha) es Cónsul de Austria en Salta (Arg.) y cuenta con 30 años de experiencia profesional en los ámbitos de la ciencia y la gestión de proyectos. Posee un máster y un doctorado en Ciencias Forestales por la Universidad de Múnich y participó en el Programa Ejecutivo Internacional en Fontainebleau (Francia). Es un profesional orientado a resultados, con una sólida trayectoria directiva en desarrollo y gestión empresarial, así como en el diseño e implementación de proyectos. Es autor de esta nota para AIMAS.
Domingo Teófilo Pérez y el ferrocarril del Norte argentino
La influencia política puesta al servicio de una obra estratégica
Domingo Teófilo Pérez fue una de las figuras políticas más influyentes de Jujuy entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Representó a su provincia en el Senado de la Nación durante casi veinticinco años y construyó buena parte de su poder político a partir de su capacidad para vincular las necesidades de Jujuy con los centros de decisión del Gobierno nacional.
La disputa por la traza hacia Bolivia
A fines de la década de 1880 se discutía por dónde debía continuar el Ferrocarril Central Norte en dirección a Bolivia. Existían dos alternativas principales:
- Avanzar por la Quebrada del Toro, en la provincia de Salta;
- Atravesar la Quebrada de Humahuaca, en la provincia de Jujuy, hasta llegar a La Quiaca.
Pérez defendió con enorme constancia la alternativa jujeña. Pero no limitó su actuación a un discurso provincialista ni a una intervención aislada en el Senado. Presionó al Poder Ejecutivo nacional, promovió estudios y misiones técnicas, sostuvo el debate parlamentario, publicó folletos y artículos periodísticos y procuró demostrar que la traza por Humahuaca no solamente beneficiaba a Jujuy, sino que resultaba conveniente para el desarrollo económico y estratégico de la Nación.
Su argumentación combinaba distintos elementos:
- Las condiciones técnicas y económicas de la traza;
- El potencial agropecuario y minero de las zonas atravesadas;
- La integración de la Puna;
- El acceso a los mercados del sur de Bolivia;
- La posibilidad de vincular el Noroeste argentino con los circuitos comerciales del Pacífico.
El resultado de esa gestión persistente fue que la Nación terminó optando por la Quebrada de Humahuaca. La línea llegó finalmente a La Quiaca y se convirtió en una infraestructura decisiva para la integración del extremo norte argentino con Bolivia.
Pérez logró, además, que el Gobierno nacional asignara fondos para la construcción de una moderna estructura sobre el río Grande en San Salvador de Jujuy. Esa obra terminó siendo conocida como el Puente Pérez, otro testimonio de su capacidad para transformar necesidades locales en decisiones concretas de la Nación.
No fue solamente una cuestión de influencia
La importancia de Domingo T. Pérez no reside únicamente en que haya tenido contactos o acceso a los centros de poder. Su verdadera capacidad consistió en ejercer esa influencia de manera sostenida y alrededor de un objetivo claramente definido.
Pérez articuló cuatro elementos que todavía hoy resultan indispensables para cualquier proyecto ferroviario estratégico:
- Una visión de integración regional e internacional;
- Una justificación técnica y económica;
- La movilización de los intereses productivos de su provincia;
- Una acción política perseverante ante el Congreso y el Poder Ejecutivo nacional.
No construyó personalmente el ferrocarril. Pero hizo algo sin lo cual ninguna gran obra pública se concreta: consiguió que el proyecto fuera estudiado, defendido, priorizado, aprobado y finalmente ejecutado.
El sacrificio político atribuido a Pérez
Existe un episodio histórico particularmente significativo, aunque conviene relatarlo con precisión.
No aparece en las fuentes consultadas una prueba sólida de que Pérez haya renunciado a una candidatura propia a la Presidencia de la Nación. El episodio documentado fue diferente.
Durante una convención del Partido Autonomista Nacional se produjo una disputa entre Julio Argentino Roca y Carlos Pellegrini por la candidatura a la Vicepresidencia. Pérez estaba políticamente vinculado con Pellegrini, mientras que otro representante jujeño respaldaba la posición de Roca.
Según los relatos históricos, Roca necesitaba el voto de Pérez para imponer a su candidato. A cambio, se comprometió a impulsar, una vez en el Gobierno, la construcción del ferrocarril a Bolivia por Jujuy. Pérez modificó entonces su posición, permitió el triunfo del candidato de Roca y asumió el costo político de enfrentarse con Pellegrini.
La tradición jujeña recoge que Pérez justificó su decisión diciendo que haría un sacrificio “por la provincia”, porque temía que, si negaba su voto, el ferrocarril a Bolivia por Jujuy nunca llegara a construirse. La decisión habría provocado la enemistad política de Pellegrini hacia Pérez.
Por lo tanto, sería excesivo afirmar que Pérez resignó una candidatura presidencial propia. Pero sí puede sostenerse algo históricamente muy importante:
Domingo T. Pérez subordinó una lealtad política, su conveniencia personal y parte de su propio futuro dentro del poder nacional a una obra que consideraba decisiva para Jujuy.
Eso no disminuye la fuerza del episodio. Por el contrario, lo vuelve más concreto y creíble. No se trató de una renuncia abstracta ni de una declaración solemne, sino de aceptar un costo político real para conseguir una infraestructura estratégica para su provincia.
Pérez no fue el impulsor directo del Ramal C14
También es importante mantener una distinción histórica.
La línea impulsada por Pérez fue esencialmente la conexión:
Jujuy – Quebrada de Humahuaca – La Quiaca – Bolivia.
Pérez no fue el promotor directo del Ramal C14 entre Salta, la Puna, Socompa y Chile. Los ramales C13 y C14 fueron construidos posteriormente, entre 1921 y 1946, es decir, después de su fallecimiento.
Sin embargo, esta diferencia no reduce la actualidad de su ejemplo. Pérez representa un antecedente directo de cómo una provincia del Noroeste puede conseguir que una infraestructura ferroviaria internacional deje de ser una aspiración regional y se convierta en una política de Estado.
La enseñanza para el presente
El antecedente de Domingo T. Pérez demuestra que una obra estratégica no se realiza únicamente porque sea técnicamente necesaria o económicamente razonable.
Los estudios son indispensables. La demanda de cargas es indispensable. La ingeniería, el financiamiento y los acuerdos internacionales son indispensables. Pero nada de eso produce por sí solo una decisión.
Hace falta también una conducción política capaz de:
- Instalar el proyecto en la agenda nacional;
- Unir a la provincia con el Gobierno central;
- Articular al Congreso, los ministerios, los operadores ferroviarios y los sectores productivos;
- Sostener el objetivo a lo largo del tiempo;
- Superar rivalidades provinciales, burocráticas y personales;
- Transformar una necesidad regional en un interés nacional.
En ese sentido, la influencia política no debe entenderse como tráfico de favores ni como aprovechamiento personal. Tampoco como una oportunidad de negocios para quienes se encuentran cerca del poder.
La influencia política es legítima cuando se utiliza para abrir puertas institucionales, remover obstáculos, coordinar voluntades y conseguir decisiones públicas que beneficien al conjunto. Su legitimidad exige transparencia, ausencia de intereses económicos personales y una separación nítida entre la defensa de la causa y cualquier beneficio privado.
La enseñanza de Pérez podría resumirse así:
La política adquiere su verdadera dignidad cuando el poder y las relaciones personales se ponen al servicio de una obra que sobrevivirá a quienes la impulsan.
Su significado para el C14 y el corredor bioceánico
El C14 ya cuenta con argumentos técnicos, antecedentes de estudios y una necesidad económica cada vez más evidente. Lo que todavía falta es convertir esos elementos dispersos en una decisión nacional sostenida.
Para eso probablemente no alcance con encontrar a un nuevo Domingo T. Pérez como figura individual. Será necesario construir una alianza que cumpla colectivamente esa función:
- Una conducción política firme desde el Noroeste;
- Representantes con verdadero acceso al Gobierno nacional;
- Apoyo de las provincias involucradas;
- Participación de los cargadores y operadores logísticos;
- Coordinación con Chile, Bolivia y Brasil;
- Acompañamiento técnico e institucional internacional;
- Una defensa persistente del proyecto en Buenos Aires.
La participación de personas con acceso político será indispensable. Pero su actuación solamente tendrá legitimidad y fuerza si se realiza por la causa misma, sin segundas intenciones, sin convertir el proyecto en una fuente de renta personal y sin colocar intereses privados por encima del objetivo estratégico.
Domingo T. Pérez comprendió que una provincia periférica no recibe una obra transformadora simplemente porque la merece. Debe estudiarla, justificarla, defenderla y llevarla hasta el lugar en el que se toman las decisiones.
Su ejemplo no invita a idealizar la política. Invita a ejercerla con responsabilidad:
Con influencia, pero sin especulación; con perseverancia, pero sin vanidad; con capacidad de negociación, pero sin perder de vista que la obra pertenece a la comunidad y no a quienes la promueven.
Salta, 16 de Septiembre de 2026
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